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EALIXIR, la empresa que protege un derecho fundamental de nuestra época

Hace una década, al comentar sobre el éxito global de la red social creada por él, Mark Zuckerberg dijo que estaba convencido de que el mundo estaba entrando en una nueva era. El concepto de “privacidad” se habría superado lentamente para dejar espacio para el concepto de “share”, el de compartir constante y obsesivamente todos los aspectos de la vida. 

La realidad se ha encargado de desmentir, descaradamente, al creador de Facebook. Desde el escándalo de Cambridge Analytica hasta el avance de la tecnología blockchain, los temores y las controversias sobre el uso y la explotación de los datos personales de los usuarios, se han convertido en noticias abrumadoras en todo el mundo, así como también los intentos de remediarlo. En este contexto de replanteamiento general del papel de la web en la sociedad, la decisión del Estado de California, que se remonta al pasado mes de marzo, en relación con el reconocimiento del derecho al olvido (“right to be forgotten“) fue la siguiente: cualquier persona podrá ahora pedir a los administradores de un sitio web, comenzando por Google, que eliminen los enlaces en los que se le menciona.

Es una decisión que adquiere un valor especialmente metafórico debido al hecho de que se tomó en el estado donde nació Silicon Valley y que, sin embargo, se ajusta a medidas similares tomadas por la Unión Europea en los últimos años. En Europa, y precisamente en Italia, Ealixir tiene su sede central, empresa líder en el mundo en el campo de la eliminación de enlaces en la web. Ealixir, fundada en 2018, ya está presente en más de 30 países de todo el mundo, muchos de ellos en América del Sur y América Central, incluido Panamá.

Comprender en que consiste el derecho al olvido y porqué protegerlo es una prioridad para los tribunales de justicia de todo el mundo, no es una tarea simple ni inmediata. Para explicarlo de manera exhaustiva, contactamos al fundador y CEO de Ealixir, Enea Trevisan.

 

¿Por qué el derecho al olvido es considerado una prioridad?

 

“La paradoja del derecho al olvido es que, a menudo, para entender su importancia tenemos que ponernos en el lugar de otra persona y esto, en una sociedad como la nuestra, fuertemente orientada hacia el individualismo, es una tarea muy difícil. Imagínese estar atrapado en un asunto desagradable, como por ejemplo el hecho de ser acusado de un crimen que no se cometió. Por supuesto que siempre existe la oportunidad de defenderse ante un tribunal y de que se reconozca su inocencia. Pero esto lleva tiempo: meses o, incluso, años. Imagínese si durante este tiempo, un sitio web publicara un artículo que cuenta la historia de su participación en dicho proceso legal. A partir de ese momento, cualquier persona que escriba su nombre en Google sabría de inmediato su “problema”. Ahora, si fuera una empresa, ¿contrataría a una persona vinculada a algún proceso judicial? O, si tuviera que contactar a un profesional, ¿confiaría en alguien que tiene problemas judiciales? O simplemente: ¿saldría a cenar con alguien cuya única cosa que conoce, además del nombre, es que tiene un problema con la justicia? Ese eslabón negativo, en definitiva, terminaría comprometiendo su reputación y, en consecuencia, su vida”. 

 

Una vez que se demuestra la inocencia de una persona, el problema debe resolverse por sí solo ¿O no?

 

No necesariamente. En algunos sistemas judiciales, lleva años alcanzar una sentencia. Se habla de un lapso durante el cual la persona que posee un enlace negativo, es literalmente juzgada por la sociedad, a menudo sin posibilidad de trabajar, terminando por sentirse incapaz de mantenerse económicamente a si mismo y a su familia. Pero hay más: los medios de comunicación siempre han dado gran importancia a las noticias sobre los arrestos, especialmente de personas públicas, mientras que por otro lado, han dedicado pocas líneas a las noticias sobre absoluciones. Esto significa que los artículos iniciales, en los que se habla de acusaciones, están indexados por Google mucho antes de aquellos en los que se informa de una posible absolución. Es muy raro que alguien, en busca de información sobre un determinado individuo, lea todos los enlaces que le conciernen: el 99% se limita a leer los primeros diez o incluso los primeros tres. O peor, leen aquellos donde, casi siempre, la información es negativa.

 

Entonces, ¿El derecho al olvido concierne únicamente a las víctimas de errores judiciales?

 

No. Uno de los pilares del sistema democrático, en cada latitud, es la función correctiva de la pena. Cuando una persona termina de cumplir su sentencia, se dice que “pagó su deuda con justicia”. El problema es que esta deuda en la web nunca se paga: la noticia de un arresto o condena permanece para siempre. Cualquier persona, en cualquier momento, escribiendo su nombre en Google, podrá saber sobre ese episodio y, a menudo, se termina haciendo una idea negativa o “no neutral” sobre esa persona que en realidad ni siquiera conoce. De esta manera, el individuo permanece encadenado para siempre a su pasado, sin la posibilidad de liberarse.

 

¿Cómo se equilibra la protección del derecho al olvido con la libertad de prensa?

 

Son dos cosas completamente diferentes. El derecho al olvido no limita de ninguna manera la libertad de prensa. Los medios de comunicación son libres de informar y escribir todos los hechos relacionados con cualquier persona en el mundo. Sin embargo, una vez que la noticia ha pasado, o cuando la noticia en sí ya no constituye una razón de interés público, el derecho al olvido establece el derecho del sujeto individual de la noticia a proteger su privacidad, evitando que la noticia lo persiga de por vida.

 

¿Cómo se establece el lapso de tiempo que determina que una noticia ha dejado de ser actual?

 

No hay tiempo predeterminado. Depende del tipo de noticia, el trabajo y la posición de la persona involucrada o, en el caso de los delitos, qué tipo de delito es. Para algunos delitos muy graves, por ejemplo, las organizaciones de mafia o la pedofilia, el derecho al olvido no existe o, mejor dicho, en mi opinión, no debería ser reconocido, y de hecho nuestra empresa no se ocupa de casos de este tipo.

 

¿Quiénes son los clientes que acuden a ustedes?

 

En su mayor parte, son personas absolutamente normales, que por circunstancias de la vida terminan en los periódicos y que, años más tarde, no pueden reconstruir sus vidas o llevar una “vida normal”, precisamente debido a esos enlaces negativos. Las personas que no pueden trabajar, a quienes los bancos se niegan a otorgarles crédito, a menudo son juzgados incluso en contextos familiares. Vienen a nosotros para tratar de recuperar los derechos fundamentales que a nadie deberían ser negados. 

Otro ejemplo, trate de imaginar cuando no existía la web: se publicaba una noticia en los periódicos o en la televisión y se hablaba de ello hasta que el público mostraba interés en ello. Luego, inevitablemente, las noticias terminaban en el olvido y permanecían accesibles solo para aquellos que querían hacer una investigación específica, consultando un archivo. La web lo ha cambiado todo: una noticia sigue estando disponible para siempre y para cualquier persona. La historia completa de nosotros mismos está a solo una fracción de segundo, que es el tiempo de una búsqueda en Google. Esto es algo nunca antes experimentado. 

 

Por lo tanto, ¿Usted tiene una visión crítica de la web?

 

Creo que la web es un fenómeno humano y, como tal, tiene aspectos positivos y negativos. La velocidad con la que se ha extendido en nuestras vidas ha sido tal, que ha escapado de cualquier regulación y ninguno de nosotros ha comprendido realmente la verdadera proporción del fenómeno. No solo existe el derecho a ser olvidado, también existen los temas de cybersecurity, revenge porn, fake news: para lograr un uso consciente de la web se necesitarán décadas, mientras tanto, tendremos que prepararnos para gestionar y limitar los problemas derivados de un mal uso de la misma.

 

Se encuentran activos a nivel mundial, ¿En cuáles zonas geográficas, la opinión pública presta más atención a lo relacionado con el derecho al olvido?

En todas partes, solo piense que para todo el continente americano, la sede de Ealixir está en República Dominicana, para ser equidistante tanto de Miami como de la costa este de los Estados Unidos y de los grandes países de América del Sur. Las cosas han cambiado en esta década: si en 2010 solo se habló de tecnología, ahora, finalmente, el individuo es el tema central. Es una tendencia inexorable que continuará en los próximos años y que con toda probabilidad reescribirá completamente las estructuras de poder en la web.

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